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En Un Caso De Inmigración, La Suprema Corte Debe Decidir Si ‘El Tiempo Se Detuvo’ Para Un Hombre De Martha’s Vineyard

Wescley Pereira and Gail Meister chat about a yard project. The two have been neighbors on Martha’s Vineyard for more than a decade. Photo by Shannon Dooling for WBUR.

Wescley Pereira y Gail Meister conversan sobre un proyecto de jardín. Ambos han sido vecinos en Martha’s Vineyard por más de una década. (Shannon Dooling/ WBUR)

El lunes la Suprema Corte de los EE. UU. escucha los alegatos orales en las Sesiones Pereira v., un caso que, para miles de inmigrantes, podría ser la diferencia entre quedarse en el país o ser deportados.

Read this story in English. / Lea esta historia en inglés.

En el centro del mismo hay un inmigrante brasilero quien permaneció más tiempo del estipulado en su Visa y ha vivido casi por 16 años en Martha’s Vineyard.

‘¿Qué podría ocurrir? No lo sabemos’

La población de Vineyard es mejor conocida como la Meca de las vacaciones y explota en los atareados meses del verano. Pero en esta época del año, bulle con una energía distinta, ya que los residentes que permanecen todo el año están luchando con proyectos de mejoramiento del hogar.

Wescley Pereira y Gail Meister han sido vecinos por más de una década y en un día fresco de primavera, revisan la cerca a prueba de zorrillos que instaló Pereira alrededor de los cimientos de la cabaña de Meister. Sus dos casas comparten una sola calzada que desemboca en un amplio campo abierto.

«Ves todo esto», dice Meister, señalando una zanja poco profunda, «baja 12 pulgadas».

«Es como una forma de ‘L’», dice Pereira en inglés imperfecto. «Un pie hacia abajo y otro horizontal, solo para proteger de los zorrillos».

Pereira y Meister ríen recordando los seis zorrillos que vivieron bajo la casa de esta el verano pasado.

El día que nos encontramos, Pereira está usando un sombrero de los Patriots de New England y una sudadera con capucha con un perfil de Martha’s Vineyard impreso en el pecho. La palabra «hogar» está impresa en letras en minúscula.

Sentándose en su mesa del comedor, Pereira explica que vino a los EE. UU., desde Brasil, con una visa de turista, cuando tenía 19 años, y nunca se fue. Luego de vivir en Boston unos pocos años se aventuró a Vineyard, donde hay muchos trabajos, según dice, para gente dispuesta a trabajar duro. La isla ha sido mi hogar desde entonces.

«Y ahora digo que soy… de New England. Así que, crema de almejas, los Patriots, incluso mi perro es un Boston terrier», dice riendo.

Pereira, quien ahora tiene 37 años y está casado, trabaja como pintor, jardinero y encargado de mantenimiento. Sus dos hijas son ciudadanas estadounidenses nacidas en la isla. La calidad de vida de sus hijas es una de las grandes razones por las que decidió quedarse.

Pero aunque Pereira y su familia disfrutan mucho de vivir en la isla, hay una incertidumbre que pesa fuertemente sobre todos ellos.

«Estoy en una etapa extraña en este momento. Lo que puede ocurrir, ese es el problema», dice. «¿Qué podría ocurrir? No lo sabemos».

Un reloj que avanza

Todo comenzó en 2006 cuando los funcionarios federales de inmigración le enviaron a Pereira lo que se conoce como una «Notificación de comparecencia», imputándolo por permanecer más tiempo del estipulado en su Visa.

Según los estatutos, esta notificación debió haber indicado la fecha y hora de la audiencia, pero no lo hizo. Esta información faltante es la base del caso de la Suprema Corte y puede muy bien determinar el futuro de Pereira.

Sarah Sherman-Stokes es un abogada de inmigración y directora asociada del Programa de Derecho de los Inmigrantes y de Tráfico Humano, de la Universidad de Boston. Ella dice que una vez que se entrega una Notificación de comparecencia, «’detiene el reloj’ para un individuo que no es ciudadano que intenta acumular 10 años de presencia en este país».

Y este hito de 10 años es significativo.

«Hay algo llamado cancelación de deportación por 10 años, pero eso solo es elegible para individuos que han estado aquí por 10 años o más sin que se les haya interrumpido el tiempo», explicó Sherman-Stokes.

Así que imagínese un reloj. Si usted es un inmigrante que vive en el país sin autorización, comienza a correr un reloj desde el momento en que entra en los EE. UU. Si su reloj, su tiempo en el país, alcanza los 10(años), entonces bajo ciertas circunstancias, podría ser elegible para permanecer en el país.

El gobierno dice que una vez que se emite una Notificación de comparecencia, se detiene el reloj en la acumulación de más tiempo. Pero en el caso de Pereira, su notificación de comparecencia carecía de información y David Zimmer, uno de los abogados de Pereira, dice que este es el punto crucial del alegato ante la Suprema Corte.

«El asunto está en ¿qué ocurrirá si el gobierno emplea algo llamado Notificación de comparecencia, pero indica que el lugar y la hora en la que se efectuarán los procedimientos aún están por determinarse?

Zimmer argumenta que el gobierno no está cumpliendo sus obligaciones estatutarias si emite notificaciones incompletas, como la que recibió Pereira. Pasó más de un año para que, de hecho, se le asignara a Pereira una fecha en la corte. Ese año se perdió en su reloj.

«Hay muchas personas en esta situación, que tienen este tiempo intermedio entre las dos notificaciones y necesitan saber si cuenta o no, y de contar, entonces eso podría determinar si son elegibles para la cancelación de la deportación», dijo Zimmer.

Jessica Vaughan, directora de estudios de políticas del Centro de Estudios de Inmigración, que favorece leyes de inmigración más estrictas, dice que no es razonable esperar que el gobierno sepa todos los detalles sobre un procedimiento inminente.

«El gobierno está iniciando los procedimientos de deportación con una Notificación de comparecencia. No debería importar exactamente cuándo, dónde y a qué hora se efectuarán esos procedimientos», dijo Vaughan.

‘Solo esperar, eso es lo mío ahora’

Las cortes de apelación de todo el país han discrepado sobre este asunto referente a cuál información se debe incluir en la Notificación de comparecencia, para que el gobierno detenga el, así llamado, reloj.

Sherman-Stokes, de la Universidad de Boston, dice que estas opiniones distintas son las que hacen al caso de Pereira apropiado para una decisión de la Suprema Corte.

«Ambas partes están de acuerdo en que este asunto permanecerá enquistado», dijo ella. «A menos que la Suprema Corte decida, es probable que continúe la división del distrito».

Sherman-Stokes dice que no está claro cuántas personas podrían hacerse elegibles para esta exención de deportación, si la corte decide en favor de Pereira, pero el impacto podría ser profundo.

Para Pereira, podría significar la diferencia entre quedarse en la isla que ama o regresar a su país natal, Brasil.

«Trato de no pensar mucho (en eso) porque no ayuda, así es que trato de enfocarme en otras cosas, porque no va a ayudar. Solo esperar, eso es lo mío ahora».

Hasta entonces, el reloj de Pereira está detenido mientras su vida sigue adelante.

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