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Más de 6,000 salvadoreños que viven en Massachusetts con la condición de inmigración temporal se enfrentan a una posible deportación el próximo año, cuando el programa humanitario que les permite vivir en los EE. UU. expire.

La administración Trump estima que hay más de 500 niños, de entre 5 y 17 años de edad, que fueron separados de sus padres en la frontera de EE. UU. - México, y aún permanecen bajo custodia del gobierno de los EE. UU.

Nueve meses después que el huracán María arrasara la isla de Puerto Rico, aún hay un estimado de 300 familias que viven en hoteles a quienes la FEMA y el estado les pagan la factura. Pero esto cambia a finales de junio, fecha en que vence esta ayuda. Muchos de los evacuados que viven en hoteles no saben dónde van a vivir el mes que viene.

La reciente noticia de que el gobierno de los EE. UU. pierde la pista de cerca de 1500 niños inmigrantes que estaban bajo su cuidado, provocó indignación y desconcierto. Estos son niños que llegaron aquí como menores sin acompañante y fueron ubicados con padrinos. Sus padrinos son frecuentemente los padres o parientes cercanos que ya viven en el país.

Minutos después de entrar a visitar la casa de Mark Twain en Hartford, los visitantes pasaron por una foto blanco y negro de la hija menor de Mark Twain, Clara Clemens de joven. Pronto, fue evidente para todos que Clara se parece mucho a Millianis Rivera, una evacuada puertorriqueña.

El hombre alto y desgarbado estruja el cono de papel en sus manos mientras van saliendo las historias de casi 30 años de adicción: el robo que lo llevó a prisión a los 17 años; el hecho de que nunca obtuvo su Desarrollo Educativo General (GED, por sus siglas en inglés); pasar por los horrores de la desintoxicación, quizás 40 veces, incluyendo la última, que acaba de terminar hace dos semanas. Ahora él está en una unidad residencial por al menos 30 días.

El lunes la Suprema Corte de los EE. UU. escucha los alegatos orales en las Sesiones Pereira v., un caso que, para miles de inmigrantes, podría ser la diferencia entre quedarse en el país o ser deportados. En el centro del mismo hay un inmigrante brasilero quien permaneció más tiempo del estipulado en su Visa y ha vivido casi por 16 años en Martha’s Vineyard.

Es la hora del almuerzo en la Universidad Estatal Central de Connecticut y 10 estudiantes se reúnen es su lugar habitual del comedor. Empiezan a hablar sobre la comida y se hace evidente que no les gusta mucho el arroz. Explican que no está sazonado como el arroz casero de Puerto Rico.

El centro de socorro por el huracán, de Hartford, era donde los evacuados de Puerto Rico podían ir para buscar ayuda: ayuda para conseguir vivienda, trabajos, ropa de invierno; cualquier suministro o servicio que necesitaran para recomenzar sus vidas en Connecticut.

Luce igual que un punto de control de aduana de un aeropuerto. Los actores esperan en filas, cada uno interpretando a viajeros con los que probablemente se encontrará un funcionario de Aduana y Protección de Frontera (CBP, por sus siglas en inglés) de los EE. UU. Algunos pueden interpretar el papel de refugiados, a otros se les pide actuar como si estuviesen escondiendo algo siniestro.

Un animado «¡Buenos días!» esperaba a estudiantes y padres que se acercaban a la Escuela Primaria Sánchez el viernes antes de las vacaciones de primavera.

Francisco Rodríguez está tratando de retomar adonde quedó.“Hola, estoy buscando a Mellanie”.

Los detectives, los funcionarios de reseña y los sargentos de la prisión se sientan lado a lado en la Prisión y Correccional del Condado de Bristol, a mirar documentos y buscar pistas.

Durante el verano de 2015, Gladys Fuentes trabajaba como ayudante de cocina en Comida del Mar y Carnes de McCormick y Schmicks.  Dijo que un chef ejecutivo se agarró la entrepierna con ambas manos, luego se puso detrás de ella y le restregó las manos en la cara.

Es una subestimación decir que no ha habido mucho que celebrar aquí desde que el Huracán María devastara la isla hace tres semanas.

Están surgiendo nuevos datos en la corte federal de Boston sobre el alcance de la infraestructura de una banda de Centro América aquí en la Gran Boston.

Hace siete semanas, el Huracán María rugió por el centro de Puerto Rico. Los vientos golpearon las hojas de palma y una lluvia torrencial cayó sobre las casas en la ciudad de Barrancas.

Guillermo Class ya no podía esperar más. Los informes que recibía de sus dos hijos adolescentes que vivían en Puerto Rico no eran buenos. A ellos y a su madre les llegaban alimentos y agua, pero no suficientes.